¿Qué tal os va? ¿Soñasteis mucho?
Hoy he preferido hablaros del frío. Pero desde otro punto de vista. Desde el frío en nuestro cuerpo, como seres de sangre caliente con temperatura de 36C. Como nos adueña removiendo nuestro calor al exterior. Y nos quedamos... con... frío.
Era un día normal. Acciones normales. Actitud y autoestima normal. Nada interesante, excepto que mi mano está helada. Esta fría. Y duele. Demasiado fría. Los dedos son hielo alargado, la muñeca sólo es el molde de plástico enfriado. Mi mano derecha está fría. Duele. No controlo el frío, el frío controla mi mano. Noto correr por mis venas esa sensación de frescura obtenida mágicamente del exterior. La sangre me circula, la mano se mueve, está activa, pero se enfría. Duele.
Mi brazo derecho absorbe el frío. No es invierno, sino principios de primavera. Concentro todo el frío en mi mano derecha como una bola de poder. Aún no puedo usar mi frio como energía, o magia, pero pronto llegará. Mi mano estará tan helada que controlará el frio y seré poderoso. Manipularé el calor y el frio como hace Elsa en Frozen. Guardaré todo el frío de las personas en mí, alegrándolas con el calor típico del verano. El frío se encuentra en mi mano derecha, tengo problemas, duele, sólo se enfría. Os absolveré de vuestro frío corazón, albergándolo en mi mano derecha, hundiéndome en el frío, pero alegrando a otras personas. Yo soy el frío.
Mi mano derecha está fría.
Duele.
Seré poderoso, dominaré el frío mundial.
Dulces sueños.
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